"Kayla" por Jessica T. Raijman

"Kayla" por Jessica T. Raijman

Desde que llegó Kayla a nuestras vidas me la he pasado observándola maravillada de su presencia en la casa. No crecí con mascota, así que todo lo que hace la nueva adoptada perrita me resulta sorprendente y fascinante.

Cuando la saco a pasear y huele algo interesante, me jala con todas sus fuerzas para descubrir el enigma al que la ha guiado su olfato.

Si tiene que sentarse y darme la patita para obtener un pedazo de salchicha, lo va a hacer y lo va a repetir tantas veces se lo pida, mientras le siga dando comida.

Si quiere que la saque, se acerca, me pone la pata en la pierna y hace un sonido que simula un ladrido, infla los cachetes y los suelta con un pffff largo y suave. 

Esas fueron las primeras cosas que noté, muy básicas, pero no por eso menos fascinantes.

Luego comenzaron a llegar el resto de una serie de acciones que me tienen encantada y queriendo parecerme a mi perrita cada vez más.

Me explico… si estoy de buenas, de malas, de medias, a Kayla le vale gorro, no le importan mis humores, no le molestan mis caras ni mis expresiones, ella me ve, más bien, me mira con sus enormes y delineados ojos color miel y no me quita la mirada mientras mueve la cola. Lo único que quiere es estar cerca de mí y que la acaricie, no interpreta mi estado de ánimo y no se lo toma personal. Tampoco se toma personal que la deje fuera de mi cuarto en lo que yo hago mi rutina de yoga-meditación-baño-música. Después de hacer mis cosas, sin apresurarme, abro la puerta y ahí está ella, esperándome, sin hacerme sentir culpable, sin ofenderse, y basta solo una caricia para que se vuelva loca de la emoción.

De la misma forma, cuando ella acaba de estar, cuando huele o escucha algo interesante se levanta y se va de mi lado a atender sus asuntos y no por eso me quiere menos.

Pienso en cómo se podrían traducir sus acciones en nosotros los humanos y llego a la conclusión de que quiero ser más perro y menos humana, salvo por lo que me apasiona de nuestra raza y me pregunto si podré hacer un híbrido de perro-humano. Lo empiezo a intentar… de menos intentaré concentrarme en las acciones y dejar de interpretar lo que no sé. Moveré la cola más, en sentido figurativo, claro está, y le dejaré saber a la gente que me emociona y a la que quiero, que los quiero y que me emociona estar cerca de ellos, sin expectativas, trataré de no perder el foco de cuál es mi salchicha y de lo que estoy dispuesta a hacer por alcanzarla.

Miro de frente a mi Kayla, sus ojos llenos de bondad y de presente, qué ganas de mirar con sus ojos, de quedarme con la mejor interpretación de lo que miro, con el amor, con el cariño y con lo bueno de lo que me pasa… corrijo de lo que pasa, quitándome-me del medio.

 

Jessica T. Raijman

"Muchos años me dediqué a dar clases de literatura, teatro, arte y yoga, hasta que me atreví a salir del closet artístico, para dedicarme a mi verdadera pasión: la escritura.
Hoy hago retiros donde combino la escritura y la meditación, clubes de lectura, noches de convivencia con autores y talleres de escritura para principiantes. Tengo una novela publicada por Planeta, Sueños bajo la piel, escrita a 10 manos y un libro que escribí con mi ex marido, Nos quisimos… matar, publicada por Océano y varios textos más."

Comentarios

CANUTO

Que bonita historia tan llena de verdades .
Los perros son lo mejor .

CANUTO

Que bonita historia tan llena de verdades .
Los perros son lo mejor .

CANUTO

Me encantó el texto. Yo soy hiper-perruna y vi reflejada a mis mascotas en las palabras de Jessica.

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